Testimonios

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Hola a todas,

Soy Silvia Broome y llevo once años siendo librera. Por tanto, soy mujer del libro. Son muchas las razones por las que creo que debemos parar el ocho de marzo. Algunas de ellas son de gran peso: la brecha salarial, que existe, aunque muchas veces parezca que sólo se sospeche por la falta de transparencia de las cifras reales. O la igualdad en el acceso a los cargos de responsabilidad: en las dos empresas del sector en las que he trabajado, las mujeres nunca hemos tenido las mismas oportunidades a la hora de ser tenidas en cuenta para dichos puestos.

Sin embargo, hay también otros motivos aparentemente más pequeños que son los que a mí me hacen movilizarme especialmente. El primero de ellos es tan básico y tan sencillo como exigir la corresponsabilidad en la conciliación familiar y en las tareas domésticas, algo que en pleno siglo XXI me parece casi inaudito tener que seguir pidiendo. Y el segundo es que en once años de profesión nunca ha cesado la cantidad de menosprecios que he recibido por ser mujer y trabajadora contratada, que no dueña de una librería. Desaires por parte de antiguos jefes, de escritores que reducen tu papel al de “dependienta” o “secretaria”, de distribuidores y, lamentablemente, de clientes, que te tratan con paternalismo o desdén cuando haces tu trabajo por el mero hecho de ser una mujer joven. Eso sin contar las veces (sí, por desgracia las ha habido) en las que un hombre, aprovechando que trabajo cara al público, ha venido a mi lugar de trabajo sin mi consentimiento a vigilarme, acosarme o verme cuando sabía perfectamente que mi respuesta era un “no”.

Por todo esto, porque hay muchas cosas que deben cambiar en esta sociedad y muchas por las que las mujeres debemos luchar, este ocho de marzo yo paro.

 


Soy Mar, profesora de Lengua y Literatura en secundaria. Aunque oficialmente no puedo hacer huelga el 8M por estar de baja laboral, creo que las que estamos en esta circunstancia también podemos participar en la huelga de otras formas. Yo acudiré a la manifestación, donaré mi sueldo de ese día a una causa feminista y he firmado igualmente el manifiesto.
Las mujeres del libro y de la educación tenemos motivos suficientes para salir a la calle mañana. En el currículo, la presencia de mujeres escritoras es prácticamente inexistente. En el aula, nuestra condición de mujeres hace que seamos menos respetadas, y podemos observar de manera continua cómo los chicos buscan acaparar el espacio, el tiempo y la palabra. Mi experiencia me hace ver que ellos cuestionan con más frecuencia mi posición, aunque no son los únicos. Compañeros y compañeras de trabajo han entrado a mi clase y han tomado decisiones sin mi permiso, intuyo que porque creen que una mujer joven y físicamente pequeña no es capaz de resolver por sí misma sus conflictos en el aula.
En el caso de las mujeres que, como yo, tenemos problemas de salud mental, los motivos para la huelga son todavía mayores. A menudo, el deterioro de nuestra salud viene dado por las circunstancias de estrés y de presión bajo las que vivimos, por las expectativas que la sociedad establece para nosotras. Se espera que seamos perfectas en el trabajo, en casa, en nuestras relaciones sociales, etc. Se ningunea nuestra palabra doblemente: por ser mujeres y por tener una enfermedad. Somos olvidadas y rechazadas por hombres y, peor aún, por mujeres que nos tratan como si nuestra enfermedad fuera contagiosa, como si pudiéramos hacerles más daño que el resto, o como si quisiéramos aprovecharnos del sistema. Un sistema que intenta callarnos y hacernos sentir menores de edad, incapaces, dependientes.
En situaciones así, el libro es con frecuencia uno de los pocos apoyos que nos quedan. Y también uno de los elementos que más puede ayudar a terminar con el estigma. Por eso, además de por mi profesión, me siento parte de las mujeres del libro. Y animo a todas, da igual las circunstancias, a llenar las calles mañana y a demostrar que estamos concienciadas y unidas.

 

Me llamo Andrea Moliner. Soy historiadora, escritora, articulista y única administradora del blog de reseñas literarias Jimena de la Almena. Mi contacto con los libros y la literatura es prácticamente una constante en mi día a día: reseñas, lecturas, entrevistas a escritoras/es y administradores de blogs en los que se habla de libros, artículos de opinión… Por lo que me siento bastante cerca de las reivindicaciones que desde Las Mujeres del Libro se plantean. Adoro mi trabajo, basado en el constante aprendizaje y en la lectura, me reporta muchas alegrías pero también un rechazo social incomprensible. Para muchos el que una mujer ejerza su trabajo desde casa parece sinónimo de desempleo y de que no haces nada, algo que es completamente falso. Si a los que se les llena la boca diciendo que no pegas un palo al agua se molestasen en interesarse por lo que haces otro gallo cantaría.

Por otro lado, a lo largo de mi vida académica, tanto en el colegio e instituto como en la universidad, estudiábamos a los hombres. Sus logros políticos, sus trabajos académicos, sus libros publicados, sus hazañas deportivas o sus descubrimientos científicos o geográficos entre otros. En dichos libros de texto, las mujeres aparecían más bien poco, y si lo hacían su existencia se reducía a una simple línea o a un ridículo apartado explicativo en una esquina de la página.

En la universidad la cosa no mejoró en ese sentido, pues he llegado a encontrarme con profesores contrarios a explicar la historia de las mujeres en una determinada época histórica con la excusa de que ya nos la explicarían en una asignatura especial y creada para esa enseñanza. Esa asignatura se llamaba y se sigue llamando “Mujeres y Hombres en la Historia”, impartida durante un cuatrimestre y que cada año rotaba de departamento. Una asignatura sencillamente insuficiente, pues por un lado es imposible dar la historia de las mujeres en la historia en cuatro meses y por otro el carácter rotativo de la misma impedía al alumnado conocer la historia de la mujer en otras épocas históricas. En mi caso aprendí mucho sobre la mujer en la época antigua, pero nada de la mujer en la prehistoria, en la edad moderna o en la contemporánea.

¿Dónde estaba Emilia Pardo Bazán? ¿Y Simone de Beauvoir? ¿Y las Sin Sombrero? ¿Y Clara Campoamor? ¿Y Concepción Arenal? ¿Y Alice Paul? ¿Y Virginia Woolf? ¿Dónde estaban cuando más lo necesitaba? La respuesta es sencilla: escondidas, ocultas, olvidadas por el simple hecho de ser mujeres.

Todo lo que sé sobre la historia de las mujeres, todo lo que sé sobre ellas, se lo debo a los libros y a ese interés autodidáctico que desde mi adolescencia sigo ejercitando día a día. El libro y las que trabajamos por y para él sabemos que a través de sus páginas se puede desarrollar el espíritu crítico, impulsar cambios sociales y remover conciencias, hasta las más obtusas. Desde la palabra escrita e impresa se pueden conseguir muchas cosas, pero sin las mujeres, sin su presencia en el ámbito cultural y académico, el mundo se quedaría huérfano de talento y de referentes. Contribuyamos entre todas a que el 8 de Marzo de 2018 pase a la historia. Hacerlo por todas las mujeres silenciadas, pero sobre todo, hacerlo por vosotras mismas.

 


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